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Carta de Sandy Koufax

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La carta de Sandy Koufax A principios de 1979, los Dodgers de Los Ángeles anunciaron al mundo que Sandy Koufax estaba de vuelta. Los Dodgers lo habían contratado como instructor de lanzadores del equipo en las ligas menores. De Koufax nadie, incluidos nosotros que tratábamos de seguir su rastro a donde quiera que iba, sabía nada desde 1972. Ese año fue elevado al Salón de la Fama y renunció a su papel de comentarista en la cadena de televisión NBC antes de desaparecer del radar. Como ya podrán imaginar, no cabía de gozo solo por saber al menos, dónde se encontraba. Fue entonces cuando decidí hacer contacto con mi pelotero favorito. Sin la menor de las expectativas. Solo pretendía hacerle ver, que aquí en Venezuela había uno de sus miles de admiradores, que con el tiempo se había hecho periodista. Oficio que aprovechaba, con las más variadas excusas, pera escribir de él y mantener viva su memoria, así fuese a tantos kilómetros de distancia. Así que confiado en que Koufax estaría por lo ...

Réquiem para Tom Seaver de un periodista venezolano

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Foto: @nbcnew  No fui un devoto fiel de Tom Seaver. Mi devoción pública y notoria está y estará reservada por siempre para Sandy Koufax, con Roberto Clemente tratando de alcanzar con cierto éxito, un espacio en mi pequeño altar. Aunque como veremos más adelante, hubo instantes temporales en que la vida de los tres llegó a entrecruzarse, no tan inesperadamente. Pero cuando este miércoles supe de la muerte de Seaver a los 75 años de edad con su mente destruida por el Alzheimer, no pude evitar esa pena que solo se experimenta por alguien o algo, por quien se tiene afecto. Aún sin conocerlo personalmente y a tantos kilómetros de distancia. Es la clase de afecto que solo los aficionados al beisbol solemos tener por los peloteros. Mientras Seaver lanzó en las grandes ligas por veinte largas temporadas entre 1967 y 1986, no costaba mucho sentir admiración por él. No por casualidad su nombre está íntimamente unido al reconocimiento como uno de los grandes pitchers de cualquier época. Sin e...

Bonds y el Magallanes (1993)

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Han pasado ocho años y la controversia continúa más campante que nunca. Realidad, o una de esas mentiras que de tanto escucharlas se convierten en verdad, los Navegantes del Magallanes aún cargan con la culpa de permitir que Barry Bonds dejara el equipo. Lo que es peor, de cambiar al que puede ser hoy mismo el pelotero más completo de todas las grandes ligas, por Mark Funderburk. Un toletero zurdo que apenas tomó 85 turnos al bate en las mayores, aunque ninguno después de aquel campeonato 85-86 en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Claro, el debate tiene su origen en lo hecho por Bonds desde su llegada a la gran carpa en 1986. Un desempeño consecuencia de sus habilidades poco comunes. Cuando decidimos reabrir el expediente, el jardinero de los Gigantes de San Francisco dominaba a la Liga Nacional en esta temporada de 1993, con un promedio de .418 puntos, 31 carreras anotadas, otras 29 remolcadas y 11 dobles. También era segundo con 8 jonrones, y su equipo encabe...

Oye, podía hacerlo todo (1993)

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En un ambiente donde las reglas tácitas a seguir son impuestas desde los códigos de la fuerza física y la irreverencia juvenil, César Cedeño aún se pavonea a sus 42 años. Ciertamente, tiene cómo y con qué presumir de arriba abajo, que todavía es uno más de la manada a pesar de su “avanzada” edad. Una estatura cercana al metro con 90 centímetros y un peso que ronda los cien kilogramos, se lo permiten. Ninguno de esos jovencitos que van y vienen a su alrededor, osará desafiar su presencia y su autoridad. Aún a sabiendas de que ya no puede batear, correr y atrapar batazos en los jardines, con la misma habilidad con que lo hizo hasta hace poco. El que se atreva, puede costarle caro. Entretanto, sus gritos no dejan de escucharse a pesar de los elevados decibeles de la algarabía que desborda las localidades del estadio Universitario desde tempranas horas de la tarde, ante la proximidad del primer juego de la temporada 93-94 entre los Leones del Caracas y los Navegantes del Magalla...

Control, más control (1996)

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Compinche, hoy estabas duro, le dice al oído, Oswaldo Guillén a Wilson Álvarez., luego de su cuarta salida primaveral, ante los Yanquis de Nueva York aquí en Sarasota. Había un dejo de broma en el tono de Guillén. Pero también seriedad, porque minutos antes, el zurdo había repartido nueve ponches en apenas cinco entradas. Seis de ellos con el tercer strike cantado. “Lo mejor no fueron los ponches”, dijo sin embargo el as de la rotación de abridores de los Medias Blancas de Chicago. “Lo mejor fue que no regalé bases por bolas. El descontrol fue mi mayor problema el año pasado. Por eso estoy tan satisfecho con lo que acabo de hacer”. En medio de su labor, Álvarez aisló seis imparables y la única carrera de Nueva York fue sucia. Y conste que los Yanquis disponían en su alineación del veterano Tim Raines, el hábil dominicano Tony Fernández, y el prometedor novato panameño Rubén Rivera. “El problema de mi descontrol, no es tanto mecánico como mental”, explica Wils...

Y Billy cuándo viene (1980)

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-¡Tooony!, gritó presurosa la anfitriona, derrochando amabilidad y una sonrisa contagiosa, al ver a Antonio Armas y su imponente corpulencia en la puerta del restaurant. Por un instante, la proverbial timidez de Armas, da paso a una arrogancia inocente de héroe de la ciudad. Una expresión de agradecimiento ilumina su rostro. -Me debes una, Tony. Hoy fui al Coliseo con mi bebé y no sacaste la bola. Pero adelante. ¿Cuántos son ustedes?, pregunta la chica más calmada, mientras guía al pequeño grupo al interior del lugar. -Cinco, respondió Armas. –Pero uno está por llegar. -Entonces por aquí. Aunque si quieren fumar, les tengo una mesa del otro lado. -No, aquí está bien, le insiste a la muchacha, de impecable uniforme a cuadros verdes y rojos, coronado por un pulcro delantal blanco y unos enormes y vivaces ojos azules. La chica promete regresar con el menú de ofertas y tomamos asiento. César Tovar y Graciano Ravelo se acomodan uno al lado del otro. Me colocó junto a Armas...

¿Quién es ese? (1984)

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Fiel a la costumbre heredada de Rodolfo José Mauriello, el martes llegué temprano al estadio Universitario. Tal vez demasiado temprano. Eran las dos de la tarde cuando el automóvil de El Nacional me dejó en el estacionamiento del parque. Esa noche jugarían Caracas y Magallanes por vez primera en la campaña, una excusa formidable para justificar el madrugonazo. Pero aún así. A esa hora, buena aparte de los peloteros todavía está por llegar. Pasé por el vestuario de los Leones a saludar y a tomar café con Jacinto Betancourt, quien vive allí durante la temporada, y al salir al terreno percibí una inusual aglomeración de gente por los lados de la tercera base. El manager Buck Rodgers, Oscar Prieto, el coach Pompeyo Davalillo y el preparador físico Rafael Noriega, seguían con atención a un adolescente que en el campocorto recibía los rodados de los más variados calibres, que desde el home le servía Antonio Torres. El joven con el uniforme del Caracas los recogía todos. Los que Torre...